INICIO > Esculturas > Homenaje a Isaac Albéniz - 2012

Homenaje a Isaac Albéniz y Alicia de Larrocha, Taller d'Escultura Pere Casanovas, acero cortén, 300 x 350 x 242 cm

Fotos Maria Alzamora

En 2009, con motivo del centenario de la muerte de Isaac Albéniz, desarrollé este proyecto escultórico para dejar constancia física de que habíamos celebrado convenientemente esta efeméride.

Mientras trabajaba la idea del piano empecé a pensar en la posibilidad de desdoblar este homenaje para hacerlo extensivo a dos de los pilares más importantes en la vida creativa del compositor: los músicos y el mecenazgo. Todos los que conocemos un poco la vida de Albéniz sabemos cuánto amaba su profesión, con qué delicadeza apoyó a sus amigos artistas, a los pintores y escultores comprándoles obra (fue un gran coleccionista) y a sus colegas organizando conciertos para los intérpretes y publicando la obra de los compositores, con frecuencia pagándola de su propio bolsillo, la mayoría de las veces sin que los protagonistas lo supieran.

Era muy buen amigo de sus amigos.

Precisamente en 2009 nos dejó la gran pianista barcelonesa Alicia de Larrocha y se me ocurrió entonces que ella era la persona más indicada para representar a todos los músicos. Este Homenatge a Isaac Albéniz i Alicia de Larrocha es, pues, un homenaje a los músicos, me gustaría que todos ellos se sintiesen representados en esta obra. Estoy seguro de que los titulares (Albéniz y Alicia de Larrocha) aplaudirían esta decisión.

Alicia de Larrocha ha formado parte de mi paisaje familiar desde que tengo uso de razón, la familia Albéniz siempre hemos tenido plena conciencia de la deuda de gratitud que hemos contraído con ella. Fue sin duda la gran embajadora de la música de Albéniz por todo el mundo a lo largo de buena parte del siglo XX.

Es un homenaje merecidísimo. Me gustaría agradecer a su familia el apoyo y el cariño con que han apoyado este proyecto desde el principio.

La segunda parte de este proyecto llevará el nombre de Homenaje a Isaac Albéniz y Francis Money-Coutts. La idea es hacer una escultura idéntica y emplazarla en un lugar muy diferente. Barcelona y Londres, éstas serían las dos ubicaciones ideales. Y en Barcelona el Auditori es el lugar más emblemático.

Money-Coutts fue banquero, poeta, gran aficionado a la música, escribió las letras de la mayoría de la obra lírica de Albéniz, de sus canciones y de las óperas, pero sobre todo fue su gran mecenas, además de un formidable amigo. “Es de bien nacido ser agradecido”, dice el refrán, y los que estamos en estas profesiones tan inestables y arriesgadas sabemos lo importante que es tener cerca personas sensibles y comprensivas, buenos aficionados capaces de ayudarnos a llevar a buen puerto empresas que sin ellos serían irrealizables.

Hoy tenemos delante un magnífico ejemplo: Antoni Vila Casas.

Quizás la obra más conocida de Albéniz sea la Suite Iberia, que todos conocéis. Pues bien, yo tengo la temeraria teoría de que posiblemente esta obra colosal no existiría de no ser por el apoyo económico de Money-Coutts, que jamás presionó a Albéniz para que priorizara la lírica, que es donde él tenía más protagonismo como libretista. Al menos no existiría como la conocemos ahora: completa.

Y sin duda esta obra extraordinaria para piano no sería hoy tan conocida ni formaría parte fundamental de la memoria musical -en todo el mundo- de no ser por el trabajo de Alicia de Larrocha, que ha sido, como ya he dicho, la mejor embajadora de una música y un compositor que gracias a ella son más universales.

Nuestro más profundo agradecimiento a ambos.

El dividir en dos este homenaje me permite además hacer un experimento conceptual que me interesa mucho. Ahora estoy hablando como escultor.

Una escultura pública, o de grandes dimensiones, se define por su estructura formal y por el espacio que habita. Cambiando cualquiera de las dos cosas la obra cambiará sustancialmente. Imaginaos esta pieza de acero cortén en otro lugar, no en este paisaje urbano, iluminada por el sol mediterráneo y rodeada de hormigón, coches, semáforos y ruido de sirenas policiales, imaginaos que está en un parque londinense, sobre una alfombra verde, rodeada de árboles y acompañada del canto de los pájaros, bañada por otra luz y frecuentemente acariciada por la lluvia. Nuestra percepción de la obra será distinta.

Y entre las dos se establecerá una conexión evidente: dos puntos geográficos distantes unidos por una línea invisible que los hermana, creando un discurso sobre la pasión, la creatividad y la amistad.

Me gustaría mencionar otro detalle fundamental: la calidad de la obra. Yo puse la idea, es cierto, pero la precisión del “canto vivo” de sus perfiles, la musicalidad del metal, el peso perfecto de la arista y la poética precisión de todos y cada uno de los acabados es obra de Pere Casanovas, en cuyo taller he tenido el privilegio de realizar la escultura.

Y por último lo que sin duda me costará más expresar, por esto lo he dejado para el final. En lo más íntimo de mi corazón este es también un emocionado homenaje a mi padre, fallecido en 2010, el año del cientocincuenta aniversario del nacimiento “del abuelo”, como él lo llamaba. Mi padre “me metió en esto”, en el mundo albeniciano.

Alfonso Alzamora, mayo 2012

0