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HOTEL OMM, BARCELONA, FOTOGRAFÍAS DE MARIA ALZAMORA

El jardín de la memoria, 2003 - 2012
Hotel OMM, Barcelona
10 cubos de aluminio de 60x60x60 cm

Realización: Taller Pere Casanovas

La pieza me fue encargada por Rosa Mª. Esteva, a la que agradezco profundamente la oportunidad de realizarla y su sensibilidad a la hora de valorar la sencilla maqueta que le presenté, siete dados de hierro minúsculos con los que jugamos encima de una mesa.

"El jardín de la memoria" estaba compuesto inicialmente por un "árbol" vertical (quizás un ciprés, el árbol de la hospitalidad en Cataluña, que suele plantarse cerca de la entrada de la casa, en este caso el lobby del hotel, cerca de la recepción) formado por seis cubos idénticos, uno encima del otro, evitando que encajen a la perfección para dotar a la columna de movimiento, y un séptimo cubo desplazado, como si de un arbusto de este imaginario jardín minimalista se tratara. Este séptimo cubo suelto es muy importante, como contrapunto, ordena y dimensiona todo el conjunto.

Más adelante incorporé un octavo cubo (aprovechando una circunstancia "familiar" que explicaré después) para darle a la obra más movimiento y de este modo hacerla un poco más dinámica. Cuando estudié el proyecto el hotel estaba en construcción, de modo que no tenía manera de ver el entorno en el que estaría emplazada la pieza. Una vez finalizadas las obras y colocada la escultura (ambas cosas fueron simultáneas), me encontré con un espacio muy racionalista, en cierta manera minimalista, y como la escultura también lo es el conjunto quedaba quizás un poco frío. Había poco contraste. Por otro lado la obra la colocamos muy cerca de una pared debido a ciertas imposiciones arquitectónicas (se trata de un lugar de paso, entre la recepción y los ascensores) y normativas municipales de obligado cumplimiento, pues al lado hay una salida de emergencia hacia el exterior.

Para intentar solucionar las dos cosas imaginé un cubo que ópticamente "atravesara" la citada pared. De esta manera conseguía triangular el conjunto, dotándolo de mayor movimiento, y también incorporaba la pared del fondo a la obra. Dándole un cierto protagonismo podía conseguir integrarla al conjunto escultórico, como un elemento constructivo más.

¿Por qué "de la memoria"? Rosa Mª. me sugirió, al ver la maqueta del proyecto, que ya que tenía siete nietos (el octavo estaba todavía por venir, ya hemos visto que finalmente Teo tuvo su cubo), le gustaría que cada uno de los cubos de aluminio llevara el nombre de un nieto.

Algunas veces sucede que el trabajo del escultor no acaba en el momento posterior a la colocación de su obra. Y no me refiero a cuestiones técnicas o de mantenimiento, sino al propio proceso de creación de la pieza. A priori nunca sabes con certeza si el diálogo de la obra con su entorno funcionará como imaginabas en el taller. Acabo de explicar los esfuerzos de adecuación que hice en este caso y fue durante este proceso cuando me di cuenta que esta obra, de hecho, puede seguir creciendo. La "superficie ajardinada" puede extenderse, en el área de la recepción, e incluso podría atravesar limpiamente la pared que da al exterior.

Hice algunos bocetos alrededor de esta idea.

Y hace unos días Rosa Mª. me dijo que esperaba otro nieto ...

Hasta aquí llega el texto que escribí en 2005, publicado en el catálogo “The Wall”. Desde entonces el número de cubos ha llegado hasta diez, cada uno con su correspondiente nombre.

A principios de 2012 Rosa María me dijo que le gustaría poner un texto explicando la obra, aunque fuera muy brevemente, además de mi nombre y la fecha de realización. Soy reacio a explicarme por medio de la palabra, aunque me gusta escribir, pero ir más allá del título me da miedo: temo que explicando mi versión anule las demás.

Lo de los nietos, por ejemplo, es difícil de sintetizar con cuatro palabras; están ahí, cada uno en su cubo, con alturas y orientaciones diferentes, en un lugar preciso del espacio (esta es la escultura que no está, pero que se puede intuir).

Nos centramos entonces en lo más esencial. El jardín de la memoria hace referencia a un ciprés y unos arbustos y después de largas deliberaciones (es más difícil escribir una buena frase que un libro entero) acuñamos esta frase:

En Cataluña antiguamente utilizaban el ciprés como herramienta de señalización delante de una masía. Informaba al viajero de cobijo, comida, hospitalidad y bienvenida.

Propuse ponerla en la pared del fondo, de izquierda a derecha, de manera que dibujara una línea de horizonte. Pensé que de esta manera la obra sería más esbelta.

Para aligerarla todavía más hacía tiempo que pensaba en la posibilidad de pintar algunas caras de los cubos en negro, para que “desaparezcan” y la obra pierda peso. Muy pocas, tres o cuatro, lo justo para conseguir incrementar la ligereza y el movimiento del conjunto.

Inicialmente cubrimos con vinilo cuatro caras, en plena instalación decidí quitar una de ellas y dejarlo en tres.

Alfonso Alzamora, diciembre 2012

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