ESCRITURA

entre Creta y Sausalito

Autoeditado (250 ejemplares), 2009

entre Creta y Sausalito es una reflexión sobre el mundo del arte contemporáneo desde dentro, desde la perspectiva del artista, con un largo prólogo autobiográfico que no tiene otra razón de ser que la de explicar al lector desde dónde nos habla su autor, un pintor y escultor que en ocasiones parece más preocupado por los
excesos del entorno en el que se desarrolla su profesión (y por extensión con todos los demás excesos del mundo) que por sus virtudes.

“Sinceramente pienso que nos hemos sofisticado demasiado. Consagramos nombres con inusitada rapidez, se cuestiona poco, la crítica en bastantes ocasiones resulta poco creíble (más que influir parece influida), entre otras cosas pienso que nos faltan plumas independientes. Es bueno que las artes plásticas gocen de un soporte teórico, literario, incluso musical, creado en otros estudios donde se viven también aventuras singulares, solitarias y muy personales.”

El ascenso y la caída de los Romanov

Mis padres murieron en 2010, con tres meses de diferencia entre uno y otro, y todo cambió. Aquel año escribí un dietario, que titulé precisamente Dosmildiez, y sobre esta base he escrito El ascenso y la caída de los Romanov, título que hace referencia a una anécdota de mi madre. En mi blog he publicado retazos de este y de otros libros, porque el feedback es un instrumento de trabajo muy importante, para mí. Jack London y Joseph Conrad publicaron la mayoría de sus novelas por entregas, en semanarios, siguiendo la costumbre de la época, y la opinión de sus lectores con frecuencia les influía hasta el extremo de cambiar detalles sustanciales del desenlace final.

En estos días de confinamiento, en los que me cuesta mucho concentrarme (al grito de «¡qué será de nosotros!» me quedo inmóvil, petrificado), he decidido colgar este manuscrito. Quién sabe, a lo mejor alguien lo lee y cambia el desenlace.

Suite Albéniz

Prólogo de Jesús Ruiz Mantilla
Epílogo de Luis García Montero
Turner, 2016

No fue Albéniz el niño polizón que hizo una gira por América escapándose de casa. Sí, el portento prodigio que con cuatro años debutó en el Teatro Romea de Barcelona. Nada indica que conociera a Liszt, pese a que presumiera de ello. Sí lo buscó insistentemente, por admiración, por pasión, como reivindicó en vida a varios de sus contemporáneos. También lo emuló tocando el piano de espaldas al teclado y con los ojos vendados en esas jam sessions que se marcaba improvisadamente en la época en que para sobrevivir, probablemente, descargaba equipajes por los muelles de Nueva York. (Jesús Ruiz Mantilla)

Diario de un outsider
Un ensayo sobre arte contemporáneo

Diario de un outsider se subtitula Un ensayo sobre arte contemporáneo porque este es el eje central del relato, pero está muy lejos de ser un ensayo en el sentido académico del término. Montaigne llamaba “ensayos” a reflexiones personales y se apoyaba en transcripciones de textos clásicos y contemporáneos, así que, ¿por qué no? Soy pintor y escultor, también escritor, ¿por qué no escribir sobre arte desde dentro? Normalmente se hace desde fuera y abundan los cripticismos. Carlyle, por ejemplo, escribió: “El arte es el alma desprendida del hecho”. Podría pasarme horas dándole vueltas a esta imagen. Casiodoro, en el siglo VI, cuando la frontera entre arte y artesanía era mucho más difusa que ahora (Aristóteles no distinguía entre una cosa y otra), señaló con notable acierto y sencillez los objetivos del arte: enseñar, conmover y complacer. María Zambrano, unos cuantos siglos más tarde, nos regaló esta soberbia descripción: “El arte verdadero disipa la contradicción entre acción y contemplación, pues es una contemplación activa o una actividad contemplativa, una contemplación que engendra una obra, de la que se desprende un producto”. James Whistler, por su parte, fue mucho más expeditivo: “El arte sucede”; y Goethe, didáctico:: “Si yo pinto mi perro exactamente como es, naturalmente tendré dos perros, pero no una obra de arte”. ¡No es fácil definir el arte!

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